Creación
Crear desde lo que deja una huella


Mis historias no nacen de un único lugar. A veces comienzan con un recuerdo, una imagen, una pregunta o algo que quedó dando vueltas durante mucho tiempo.
El precio de la luna llena nació también de ese territorio donde la realidad y la imaginación se encuentran. Entre sombras, silencios y transformaciones, la historia fue tomando su propio camino. Escribir, como pintar, es para mí una manera de explorar aquello que muchas veces no encuentra otra forma de decirse.


Entre óleo y acrílico
La pintura, en óleo y acrílico, es para mí una forma de detener el tiempo.
El óleo tiene la paciencia de lo profundo: se mezcla despacio, respira en capas, guarda secretos bajo la superficie. Cada trazo puede volver atrás, corregirse, esconderse o revelarse como una memoria que insiste en quedarse.
El acrílico, en cambio, es instante. Seco, directo, a veces implacable. No espera. Obliga a decidir, a confiar en el pulso del momento. Es pensamiento rápido convertido en color.
Entre ambos materiales se abre mi territorio: un lugar donde la calma y la urgencia conviven. Donde la imagen no siempre nace planificada, sino que aparece como aparecen las cosas importantes: sin pedir permiso.
Pinto porque hay cosas que no caben en las palabras. Porque el color dice lo que la voz no alcanza. Y porque en cada obra hay una búsqueda silenciosa de algo que todavía no tiene nombre.