Creación

El precio de la luna llena.

Hay noches en las que la luna no alumbra: revela. Y cuando lo hace, nada vuelve a ser completamente igual.

El precio de la luna llena es un viaje por esas revelaciones que no piden permiso. Una historia donde lo íntimo se vuelve territorio de exploración, y donde cada silencio pesa más que las palabras.

Aquí, la luz no consuela: expone.
Y lo que se descubre no siempre es fácil de sostener.

Entre sombras que respiran y verdades que duelen, los personajes atraviesan el borde invisible donde la vida deja de ser lo que parecía.

Porque hay cosas que solo se entienden cuando ya han ocurrido… o cuando la luna está completa.

Silvia Sanchis

El camino entre óleo y acrílico

La pintura, en óleo y acrílico, es para mí una forma de detener el tiempo.

El óleo tiene la paciencia de lo profundo: se mezcla despacio, respira en capas, guarda secretos bajo la superficie. Cada trazo puede volver atrás, corregirse, esconderse o revelarse como una memoria que insiste en quedarse.

El acrílico, en cambio, es instante. Seco, directo, a veces implacable. No espera. Obliga a decidir, a confiar en el pulso del momento. Es pensamiento rápido convertido en color.

Entre ambos materiales se abre mi territorio: un lugar donde la calma y la urgencia conviven. Donde la imagen no siempre nace planificada, sino que aparece como aparecen las cosas importantes: sin pedir permiso.

Pinto porque hay cosas que no caben en las palabras. Porque el color dice lo que la voz no alcanza. Y porque en cada obra hay una búsqueda silenciosa de algo que todavía no tiene nombre.

Proceso creativo

Mi trabajo no nace en un solo lenguaje.

Se va construyendo entre la escritura, la pintura y la necesidad de crear un espacio donde todo eso pueda existir en diálogo.

Escribir es entrar en lo que todavía no tiene forma. Seguir una voz que aparece a veces clara y otras veces fragmentada, como si las historias ya estuvieran ahí, esperando ser descubiertas.

Pintar es otro modo de esa misma búsqueda. El óleo y el acrílico me llevan a un lenguaje sin palabras, donde el color piensa, la luz insiste y la mano a veces sabe antes que la idea. Cada obra es una forma de escuchar lo que no se puede decir.

La web es la tercera capa: un lugar donde todo esto se une. No solo como archivo, sino como territorio vivo. Armarla es ordenar y desordenar al mismo tiempo, encontrar una forma de mostrar sin perder lo esencial.

“Tinta y Luna” es el nombre que apareció cuando todo empezó a encontrar su lugar.
No lo explica todo, pero lo contiene.

Es, en el fondo, una forma de unir lo que hago.